El Silencio

S-21

Killing fields

El terror, la tristeza, el horror pueden encontrar su lugar en el silencio, la absencia de sonidos, de vida y esperanza.

Te das cuenta cuando visitas el Campo de Seguridad S-21. Un tuktuk te lleba por las atestadas calles de Phnom Penh en un viaje hacia el pasado. La ciudad te sorprende, llena de vida y modernidad, más cosmopolita incluso que Vientiane (tampoco es muy difícil). Cuando llegas al campo de seguridad, en vez del horror te encuentras el patio bien cuidado de un antiguo instituto, soleado y tranquilo. El ruido de la call y los turistas que van entrando te hace revivir el lugar como si volviera a ser la escuela secundaria que fue en los sesenta.

Al empezar la visita las cosas cambian. Al prinicipio los turistas continuan hablando pero las risas dan paso paulatinamente a palabras escuetas, murmullos, respiraciones entrecortadas y inspiraciones de indignación contenida. Las únicas voces que se escuchan son las de los guías, como el nuestro, Liuan, un hombre de cincuenta años que perdió dos hermanos durante los cuatro años y pico del Régimen de Pol Pot (1975-1979). Solo dos víctimas más de un loco que terminó con tres de los siete millones de camboyanos para poder llevar el país a un Régimen agrario estricto donde tener las manos suaves por no haber trabajado la tierra, llebar gafas o tener una profesión tan maligna como la de médico te hacían merecedor de la muerte más atroz.

Descubrir el horror

Las fotografías del horror lo impregnan todo y el silencio se hace más y más intenso cuando una mujer señala una de las víctimas y se dirige a la mujer joven que la acompaña. Es su hermano, es su padre. La hija llora, lágrimas silenciosas, escasas, propias de un país donde la tristeza ha llegado a secar millones de retinas. En otra habitación una mujer llora observando uno de los cuadros de las torturas a las que sometían a los prisioneros. En este caso el guía nos traduce y nos explica que la mujer está destrozada por ver como se acabo con la vida de su hermano.

Silencio, absencia de palabras, de sonidos, de vida. No sabeis como me ha costado escrivir este artículo. Sobre todo por la rabia hacia un silencio mucho más fuerte. El de todas esas guerras y genocidios olvidados como el de Camboya (el conflicto no termino hasta el año 2000 prácticamente) que no tienen espacio en nuestras noticias. No vaya a ser que nos perdamos el último episodio del culebrón de la Pantoja.

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