Hard seat

Hard seat

A veces las traducciones pueden ser desastrosas. Otras, sencillamente geniales. No se a que empleado de las líneas ferroviarias chinas se le encargó traducir los nombres de las categorías de viaje según los diferentes vagones, pero la clavo de lleno en referencia a la segunda clase del tren nocturno sin literas: “Hard Seat”. Vendría a ser la tercera regional del tren y casi todos los chinos optan por esta opción más económica. Te das cuenta solo llegar a la estación viendo que tu categoría de asiente tiene su propia sala de espera y, curiosamente, está a reventar. Cande se inicia el embarque te encuentras arrastrado literalmente por una corriente humana que te empuja inexorablemete hacia la salida al andén. Allí se desarrolla una carrera de obstaculos hasta llegar a un vagón atestado donde la gente que no tiene asiento espera sentada en medio del pasillo a que alguien se levante a hacer sus necesidades o fumar para sentarse un rato. Un hecho que no se termina de entender del todo pues si estar de pie durante ocho horas es duro, estar sentado en una de las sillas del tren solo hace que marcar en tus vertebras en caracteres chinos las palabras “hard seat” (carácteres que seguramente no se distinguen demasiado de los de “tortura china”). Dormir se convierte en una epopeia hasta que no consigues un lugar al lado de la ventanilla y, aún y así, te levantas horas después con la sensación que acabas de adquirir una torticulis para el resto de tu vida.

Una experiencia extrema que, como todo deporte de riesgo, tiene su parte positiva. Al final, te divierte ser el único estrangero del tren y que la gente intente hablarte sin que entiendas nada (hecho que no excluye, evidentemente, la conversación). Una auténtica experiencia asiática. Además, teniendo en cuenta que el viaje me ha llevado hasta la ciudad de Confucio, ¿qué quereis que os diga? Filosofia, amigo, filosofia… Y, como decía Confucio: “Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla”. Así que a ponerse las lentes de contacto y mirar más allá del horizonte (cosa que, teniendo en cuenta la posición en que me ha quedado el cuello, no es demasiado difícil).

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