Rema, rema…

El capitán

Water festival

“Phnom Penh cierra puertas y persianas durante tres días y mañana te será imposible encontrar un tuktuk”. El recepcionista de la guesthouse me advierte sobre la dificultad de hacer nada en la gran ciudad durante el Festival del Agua. La ciudad conmemora durante tres días el poder naval del Imperio olvidado de Angkor con cursas de canoas de hasta setenta tripulantes. Casi 700 embarcaciones venidas de todo el país se tiran al agua para reverenciar a su Rey y su pasado, mientras sus conciudadanos los contemplan y los aníman. ¿Todos? No, todos no. Desengañemonos, ¿Quién puede parar una ciudad donde la gente lucha, sufre y araña las paredes del éxito para dejar atrás una pasado reciente nada digno de celebraciones?

Observas, fotografías y pasas medio día al lado del rio disfrutando de las cursas y, al final, abrasado como un langostino decides volver al hostal. La ciudad sigue tan viva como siempre (¿puede que haya tres tuktuk menos?) y me pierdo por las calles hasta llegar a la antigua estación de tren. Y, finalmente, lo encuentro. La tranquilad prometida por el recepcionista se encuentra detrás de estas rejas donde máquinas abandonadas se fusionan con el paisaje a fuerza de polvo y enredaderas.

Trenes dormidos

Encima el último tren, un niño, hijo de la única familia que habita en este lugar. Aferrandose a la palanca podrida que separa dos vagones, hace una fuerza sobrehumana como si con su pequeño cuerpo pudiera hacer volver ese gigante dormido a la vida. Su expresión obstinada, solitaria, me parece incluso más notable que la de los remeros que anima toda la ciudad.

Quiero hacerle una foto pero se me terminan las baterias… Quizás el destino quiere que determinados luchadores de imposibles hagan su camino en solitario, sin testigos de su honor o su derrota. Abandono el lugar resignado y animo mentalmente al chiquillo “Rema, rema… a ver hasta donde puedes llegar!”.

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