“Tuktuk Sir?”

Abuelas sagradas

Niño Angkor

¿Habeis deseado nunca ser famosos? ¿Teneis esa estraña sensación de que todos esos con quien te cruzas por la calle quieren algo de tu, como si fueras Jesucristo dispuesta a curar ciegos y lepras sin acuse de recibo? Tranquilos, si lo que quereis es destacar, Asia es vuestro lugar.

Ya lejos de Angkor, reflexiono acerca el ejercito de tuktukeros, mototaxis, niños y madres vendedoras que te asaltan al salir de cada templo. Las ciudades son otro tanto de lo mismo y solo necesitas dar un paso fuera de la guesthouse para que des de 10 metros de distancia cinco personas te empiezen a gritar “Hello! Hello!” como si fueras un pariente lejano que no ven desde su infancia. Acto seguido “¿Tuktuk sir?”, “¿Temples?”, “¿Do you want a book, sir?”, “¿Cold water?”, “¿Hashis, cocaine, marihuana?”… Las personas mayores, así como los tuktukeros, se presentan amigables, dispuestos a preguntarte por tu vida y tus planes hasta que digas que si, que mira, que si hace falta, alquilas el tuktuk para este fin de semana ir y volver del Camp Nou sin hacer parada en las fronteras.

Capitulo a parte son los niños. Niños con horarios de escuela tan estraños que siempre estan ayudando a sus madres a vender todo tipo de productos. Eso si, listos lo son… Te preguntan de donde eres y se saben la capital, el primer ministro y, si hace falta, te cantan el himno nacional (una niña de no más de seis años se me puso a hablar en español delante Angkor Wat!). Recursos inteligentes que combinan con caras de pena que te desacen el alma en cascadas de sudor sin saber como decir que no.

La tercera edad, en cambio, suele inclinarse por la ayuda divina. Así que entras en un templo, te encuentras con una abuela delante de un Buda que te pone incienso en la mano y te insta a hacer un ofertorio (siempre monetario…) para que pregue por ti durante un rato.

Y, al final, ¿a quién das? La caridad, lamentandolo mucho, no es un buen camino para solucionar los problemas de un país pobre. Queda terminantemente prohibido comprar o dar caridad a niños. Es una práctica que solo insta a sus padres a verlos como un buen reclamo turístico y dejarlos fuera de las aulas. De la mediana edad tampoco se puede uno fiar mucho. El negocio es el negocio y, si necesitas algún servicio, regatea, seguro que consigues un precio mucho mejor.

¿Y que pasa con la gente mayor? Pues, de vez en cuando, vaciate el bolsillo. Si en Europa las pensiones son pauperrimas, no cabe recordar que en el resto del mundo no existen. Asi que, si rezan por tí, que rezen. A veces da rabia pero, quién sabe, si uno no cree en Dios, puede necesitar intermediarios…

You can leave a response, or trackback from your own site.

Leave a Reply