Bye, bye Sodoma

¿Que hay detrás de la tigresa?

Ojos cristalinos y mirada chispeante, adaptandose a la luz de un nuevo día en el trópico. Patong Beach, en Pukhet despierta lentamente para volver a llenar sus calles de thailandeses trabajando en sus respectivos negocios, mientras los turistas se dirigen lentamente hacia la playa, a sudar bajo el sol todo el alcohol de la noche pasada y quemar adormecidos los recuerdos del pasado amanecer en la ciudad del pecado. Quizás alguna pareja de luna de miel está haciendo las maletas por separado, dandose cuenta que Sodoma no es lugar para empezar una vida compartida, menos cuando no conoces quien tienes al lado. Yo tambien hago las maletas y espero el autocar para ir a Bangkok con la clara disposición de no mirar hacia atrás, no vaya a ser que como la mujer de Lot me termine convirtiendo en sal y pase el resto de mis días blanqueando un pedazo más de estas playas paradisíacas.

Huyo con ojos de resaca y los bolsillos vacíos, superado por Sodoma. Aquí el placer tiene todas las caras posibles y la gente se abandona bajo sonrisas que pueden esconder una noche de amor pagado o una sorpresa entre las piernas. Los ladyboys se unen y se hacen los amos de la noche en los locales más concurridos de la ciudad, mientras turistras teóricamente despistados deciden cruzar la línea de la masculinidad bajo bellezas femeninas. Las mujeres bailan enumeradas bajo las barreras de los locales mientras parejas y solitarios voyeurs las observan y beben una copa detrás de otra. La belleza y la sensualidad absoluta de alguna joven promesa de la noche se combina con los bailares cansados de mujeres hartas de barra, con ojos de sueño roto a la busqueda del turista que las retire de una vez por todas de la noche. En las esquinas, en los angulos oscuros de los locales, los chulos observan como se vende la carne, mientras por la calle desfilan, entre la multitud, parejas espontaneas que se desaran en unas horas después de seducir , pagar y copular.

En los baños de un local se lee “Aquí manda el dinero, no el amor”. Nada nuevo, pero mucho más evidente que en cualquier otro lado. El sol quema a las calles de Patong Beach y yo espero el autocar, intentando recordar si Lot, cando huyó de Sodoma, aprovechó su última noche sin decirle nada a su Señor…

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