Antes de empezar el viaje, decidí escribir en mi perfil de facebook las previsibles y transparentes palabras de Machado: “Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atras se ve la senda que nunca se ha de pisar”. Una licencia poética bastante previsible para un viaje, aunque resulte clarificadora en más de un momento.
Hoy he recordado estas palabras al plantarme en la oficina de visados de estranjería de Chengdu. Un simple tramite que puede resultar bastante complicado si el funcionario en cuestión se pone tozudo como una mula. Las sonrisas, en este caso, no me han servido para evitar que se me plantearan unos condicionantes inasumibles para extender la visa.
Podía ir hasta la cercana ciudad de Leshan y intentarlo allí pero el tiempo, mal amigo, se me tira encima y necesito evitar choques con el increible aparato gubernamental chino. Así que, recordando a Machado, he empezado a andar.
Esta noche cojo un tren hacia Hong Kong, donde llegaré pocas horas antes de que expire mi visado. Conocida como la Nueva York asiática, plagada de rascacielos bañando sus sombras n las aguas eternas del Pacífico, espero encontrar mi propia estatua de la libertad. Una nueva puerta al destino donde los caminos se bifurcan. ¿Adquiriré un nuevo visado para reentrar en China? ¿Volaré lejos hasta plantarme en tierras Indias? Quién lo sabe…
Recuerdo a Machado y recuerdo también a Ulises, cogiendo su barco y partiendo siempre desde un puerto diferente, esperando llegar a Ítaca y confiando su rumbo a los vientos.


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Vagis on vagis, recorda també que el viatge és precisament el camí per arribar al lloc, no el lloc en si.
T’estimo!
Sort!
Marina