Guerreros y cabras en Xi’an

Guardia eterna

Mil caras

El 1974 un grupo de campesions escarbaba con esfuerzo la tierra seca de una provincia perdida en el centro de la China buscando la preciada agua que los ayudaría a hacer frente a una maligna sequía que mantenía sus campos secos de vida. Una palada, otra y otra y, entre la tierra, una resistencia inesperada. Rodeada de polvo, una cara enigmática, muda y helada de un soldado condenado a mantener la guardia para toda la enternidad, surgía de la tierra buscando el sol después de milenios. Por casualidad, ese grupo de campesinos acababa de descubrir la tumba del primer emperador de la China, Quin Shi Huan, situando el nombre de Xi’an en el mapa del mundo.

Imaginar la cara de esos campesinos al hacer el descubrimiento no es muy dificil pues uno, por mucho que haya podido ver mil fotografías, no deja de quedarse absolutamente boquiabierto. La primera expresión de cualquiera delante esta obra de arte es bastante más monótona que la de  los miles de soldados con facciones diferenciadas y perfectamente esculpidas que guardan el primer gran emperador por el resto de la eternidad.

Muslim corner

Una maravilla que, sin embargo, a veces oscurece lo que puede dar de si la ciudad de Xi’an, que queda escondida en medio de la pepetua niebla del centro de la Xina. Descubrir los guerreros es solo uno de los atractivos de una ciudad moderna y llena de vida donde puedes pasar de sentirte en medio de nueva York a perderte por las callejuelas del Muslim Corner, donde la comunidad musulmana ata cabras por las calles esperando la llegada del ramadan y cocinan, venden y pasean humanidad.

Escapandose aún del frío de un invierno que ya ha condenado Beijing a la vida de interiores, en Xi’an puedo observar por primera vez la vida en los parques. La gente suele hacer referencia a las clases matutinas de Tai Xi, pero se olvidan de las clases de baile, los partidos de squash, las cometas volando al viento y la gente paseando, sencillamente paseando. Entre los arboles puedes sentir la calidez de una sociedad que a veces puede parecer distante y obsesionada por el progreso y el dinero. Descubrir esta faceta que quiere la naturaleza y el aire libre, incluso dentro de la gran ciudad, es uno de los primeros pasos para querer un pueblo mucho más amable de lo que esperaba.

Si no, mirad las mil caras diferentes de los guerreros de terracota. Inmoviles y condenados al servicio perpetuo, pocos de ellos muestran expresiones urañas. Incluso muchos sonríen, eternamente, como si en su obligada guardia se negaran a abandonar la esperanza de un día liberarse de la tierra y empezar a andar.

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