Cuando se pone el sol y sucede lo imposible. El cielo se vuelve rojo, el azul del mar toma el color del vino y una chica se me acerca por la espalda y me susurra un Feliz Navidad en inglés. Bonita, sus ojos de almendra thailandesa me hacen la boca agua y me embobo columpiandome un instante en la curva de su sonrisa. Se sienta a mi lado y intento disimular como si terminara de escribir la última línea sin conseguirlo.
Hablamos de lobiros, me enseña thailandés y la noche se va entre risas escondidas debajo las sabanas… Y al amanecer no lo puede evitar: ¿Te quieres casar conmigo? Y me dice que si, Y ya la he liado…
Que no… ¿Cómo podría un individuo como yo pedir la mano a una chica? Casarse con una chica thailandesa conocida en un lugar turístico puede ser un verdadero problema. Tengo un buen número de historias para contar al respeto y caer bajo el encanto de Thailandia puede ser contraproducente. ¿Pero qué quereis? No sabía qué inocentada poner en el blog y aprovecho la belleza de Ko Chang para crearla.
¿Y quién puede negar que cualquier inocentada tiene su punto de verdad? Y es que he pasado la mejor navidad de mi vida y Santa Claus no ha aparecido. Ahhh… Siempre me quedará el Sol!

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