¿Dalai Lama? No, gracias

No sé por qué pero en este viaje me voy encontrando con coincidencias importantes que no busco. Después de Obama en la Gran Muralla, ahora me toca el Dalai Lama en Bodhgaya. Y esto no es China…

Os cuento. Cojo un tren nocturno el día dos para plantarme de madrugada en Bhodgaya, lugar donde Buda vio la luz y llegó al Nirvana. Se trate de un pueblo pequeño y perdido donde el único interesante en el conjunto de templos que las diferentes ramas del Budismo han ido construyendo alrededor del lugar sagrado. La riqueza, sin embargo, parece que solo ha fructificado dentro de los templos mientras fuera cuatro callejones hacen una competición para ver quien gana en pobreza.

Me habían advertido que el Dalai Lama llegaba estos días a Bhodgaya cuando ya había comprado el billete. La pereza de submergirme en una multitud de túnicas naranjas y occidentales iluminados por la luz de Oriente (algunos, si me permitís, con claros sintomas de insolación sagrada) estubo a punto de hacer que me quedara unos días más en Kolkata.

Pero al final cedí. Y me encontré andando por las calles de Bhodgaya con un adolescente del pueblo preguntando a guesthouse llenas a reventar de pelegrinos. Solo les faltaba un cartel que pusiera: “Aquí no se aceptan ateos”. Y es que a mi, aunque llebe la cabeza rapada, se me nota que no soy budista.

Así que al final desistí, eleigiendo visitar el lugar de la iluminación de Buda y salir por patas de la ciudad esa misma tarde. El chico que me acompañaba, John, me preguntó extrañado por qué no me quedaba a ver al Dalai Lama. La edad avanzada de Tenzin Shiatso, el XIV Dalai Lama, hace que sus seguidores crean que quizás sea la última vez que lo podrán ver. Cuando me lo contó recordé la larga decadencia física del Papa Juan Pablo II, un culebrón mediático donde cada viaje o cada misa se convertían en la última.

Así que el Dalai Lama ha llegada al mismo punto. Y se da a su fe delante de multitudes cuando podría estar viviendo como el abuelo de Heido en el Tibet… Mmmmpfff… ¿Qué quereis? A mi eso de ver alguien porque quizás es la última vez que lo veo me suean a “morbo”.

La decisión estaba tomada. Me he ido haciendo un pequeño donativo por el Tibet libre y cogiendo el último tren para Varanaso donde, como no, me toca sumergirme (en el sentido más metafórico) en los fuegos funerarios del Ganges.

You can leave a response, or trackback from your own site.

Leave a Reply