Fum celestial

El arte también retrata el humo

Uno de los secretos para entrar en la India, para conocer sus personajes, sus sombras y su estraña magia es dejarse llebar por el humo celestial. “Hash, hash…” susurran detrás de tu oreja todo tipo de camellos de aspecto, edades y comportamientos diversos. “Hash, hash, do you smoke my friend? Good Marihuana, cheap, only for you! Aseguran amigos salidos de la nada que te asaltan en cualquier zona turistica ofreciendote la más especial de las especies indias, abundante, barata y un gran negocio que intenta atrapar cualquier turista soñador que heche de menos hacer salir humo de las trompetas.

Algunos viajeros caen, comprando la hierba de la alegría y visitando farmacias para hacerse con drogas imposibles de conseguir en sus países de origen. Los jovenes soldados israelitas, por ejemplo, resultan una auténtica plaga en zonas como Goa donde van a quemar todas las neuronas de su cerebro para olvidar lo que han tenido que hacer en nombre de su país durante el servicio militar obligatorio. Actualmente se contabilizan más de 2000 masos oficiales de exsoldados definitivamente locos por la combinación maravillosa de drogas-guerra.

Pero esto no es humo celestial sino polución occidental. El humo celestial sale de los templos de Shiva, donde los shadus fuman cannabis para acercarse a la divinidad con chilums que bendicen antes de cada calada. La droga, aparentemente prohibida, es permitida por la policia en suelo divino y, fuera las fronteras del templo, fluye como un olor dulzona que surge de casas y rincones escondidos.

El indio fuma y invita a fumar. Y si tu fumas con él, consciente de donde están las barreras de la propia consciencia, verás lenguas soltandose y emociones haciendose corporeas para liberar verdades a veces difíciles de encontrar en la India.

“30 años fumando” me confesaba un shadu en Varanasi. “Soy feliz, fumo solo, me acerco a Shiva”.

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