Hánuman vigila el puente que lleva al Ghat de su dios, el Rey Mono, el poseedor del poder y la fuerza de todos esos que lo escojan como guia y hermana divino. El Dios mono siempre destaca por su puerza, en las representaciones petreas y artísticas. Musculada, regio, siempre sostiene una maza de guerra entre sus manos que tiene poco que ver con su carácter pacífico. Una imagen benevola que también comparte Hánuman, aunque la energia poderosa de su nombre no le haya traído demasiada suerte en esta vida.
Hánuman era conductor de autocar, estaba casado y tenía una hija de tres años el día en que su vehículo se sumo a las estadísticas que constatan la locura de las carreteras indias. Cinco personas muertas y un conductor malherido rescatado miraculosamente de entre el amasijo de hierros. Pasarían seis meses hasta que Hánuman pudiera salir del hospital con un cheque de la aseguradora que nunca cubriría el precio de perder dos piernas. El gobierno, por su parte, generosamente le daría una pensión vitalicia de 200 rupias, euro y medio mensual por pierna para mantener una familia.
Haciendo honor al nombre del Dios Mono, Hánuman miro a su alrededor y se nego a aceptar la fuerza del destino que lo sentenciaba a la pobreza y lam uerte en un pequeño pueblo del sud de la India. Dejó su familia y viajó hasta Udaipur en busqueda de la caridad de los visitantes estranjeros.
Duerme en la estació de autocares y por las mañanas se desplaza hasta el puente en la minúscula plataforma de madera con ruedas para saludar a todo aquel que quiera cruzar el puente, esperando que el maná de la generosidad se vierta de las manos de los turistas. Querría trabajar, pero nadie en la India desea tener a medio hombre a sus ordenes.
Y pide , y saluda, y acepta cualquier pequeña ayuda que llegue a sus bolsillos. Ahora tiene una hija de solo un año y la mayor ya va a la escuela, gratuita hasta decimo grado, donde la suerte de la niña quedará marcada para siempre. En el banco espera el dinero de la aseguradora, hipotecado como el dote que le tocará pagar si quiere dar un matrimonio minimamente decente a sus hijas. 10000 rupias por una, 8000 por la otra. ¿Será suficiente?

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