La banda del barrio

La banda del barrio

Tratar de descrivir la música india es como tratar de definir este gran país. Barroca, exuberante, compleja, amorosa y alocada, sagrada y pagana… Sus sonidos entran en las orejas occidentales como un canto nocturno que acompaña a los paisajes, los olores y las estrellas haciendo de este país un lugar un poco más mágico donde perderse.

Una definición soñadora que no encaja demasiado con el inicio de la historia de la noche pasada. Estaba en la Haveli donde me alojo estos días (casa de huespedes tradicional) tirado en mi cama dispuesto a dormirme cuando des de la lejanía empezó a soñar una música indescifrable de banda de barrio. Una guerra de trompetas, trombones y percusión contra la voz de un cantante capaz de asesinar todas las notas de un pentagrama con un solo gallo. Horriblemente divertida.

Las canciones se suceden hasta que al quinto o sexto atentado contra la tradición musical india noté como los sonidos se amplificaban acercandose en medio de la noche por las calles de Bundi. Tenía que salir. Lo tenía que ver.

Desbloqueando en la penumbra las puertas barradas de la casa, me encontre en la calle rodeado de hombres arregladísimos con turbantes multicolores de gala y un novio a caballo vestido como un maharajá en día de fiesta. Baile, sonrisas y fiestas. Y la horripilante música empezo a engancharme.

¿Y qué pasó? Lo que más me temía. Cinco minutos fueron suficientes porque un servidor se encontrara bailando en medio de la banda del barrio rodeado de turbantes y locura. Ebrio de la alegría general, como un campesino en Fiesta Mayor bailando Paquito el Chocolatero.

Las fotos que acompañarán este escrito no serán las de la boda. Sencillamente porque son horribles. Una clara demostración que el encanto horripilante de la banda del barrio afecta corazones pero no tecnologías japonesas.

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