Manikarnika, la última morada, donde el eterno fuego de Shiva no deja de quemar nunca para llevarse que ya no volera reir. Doscientos, trescientos cadáveres… Las procesiones con cuerpos envueltos en crisalidas de telas preciosas se abren paso por las calles de la ciudad hasta llegar al Gath, al lugar más sagrado para abandonar este mundo. Sus cuerpos son introducidos para bever por útlima vez del rio sagrado y después son transportados a la pira, donde quemaran durante dos o tres horas, hasta quedar reducidos a ceniza y cabrones de anotomía indescifrable que serán dispuesta al corriente del agua eterna.
Las famílias se dejan mucho dinero en comprar la mandera necesaria, incienso, contratar el Shadu que oficiará el ritual y raparse la cabeza como señal de dolor por la perdida. No se vierten lágrimas en Manikarnika, pero la fatalidad inexorable de la vida que parece impregnar India aquó se hace más presente que en ningún otro lugar. Y comprendes a la primera persona que se te acerca y te dicer que no puedes hacer fotos. A mi tampoco me gustaría encontrarme a un turista haciendo fotos en el funeral de alguien querido. Pero la magia…
La magia de Manikarnika, la proximidad de la muerte, el juego de la religión y los elementos, impulsan tus manos hacia la camara, deseoso de poder robar ni que sea un pedacito del poder atábico de este lugar.
¿Pero no se puede fotografiar por las familias y la sacralidad? Nada de eso. No se puede fotografiar porque hay persones interesadas en cobrar dinero por cada una de las instantaneas que se hagan en Manikarnika.
Gracias a esto, Varanasi me ha regalado el primer reportaje bueno del viajero. Los últimos tres días han sido una divertida cursa de obstaculos entre los callejones de la ciudad eterna, conociendo embaucadores, preguntando precios y citandome con Suree, el jefe de los trabajadores del Gath. El precio de inmortalizar la sacralidad está a 400 rupias fotografía y 2000 por minuto gravado. Flirteo con la policia, conozco otros precios y, finalmente, pago solo 100 rupias para cuatro fotografías rapidas de la sacralidad. No me pasa nada. Los familiares, encerrados en su dolor, no se dan cuenta de mi presencia. El miedo de mi acompañante se centra en que el boss, Suree, no le vea haciendo negocios por su cuenta. Un trato, por cierto, que le sale bastante mal cuando le dejo a la puerta de mi hotel con una propina muy inferior a la que esperaba.
Dentro la camara guardadas las fotos de los elementos, el poder de Varanasi que no puedo vaciar en el blog por problemas técnicos. Pero volveré a salir a la calle, con la camara en la mano, como un niño a quien le acaban de regalar un cazamariposas. Y sin necesidad de pagar un centimo.



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