Parientes

Me levanto temprano por la mañana y desayuno en la terraza del hotel de Udaipur. El Sol se despereza levantandose por encima la silueta del Gran Palacio y entiendo porque en la guía dicen que me encuentro en una de las ciudades más románticas de India. ¿Pero qué quereis? A mi me falta alguna cosa.

¿De dónde nace esta soledad que hace que las tostadas no tengan el mismo sabor y el chai parezca poco azucarado? No tardo un minuto en entenderlo. El camarero me trae mi último pedido y no me dice nada. ¿Dónde está el palo? Ese cetro real que te ofrecen gratuítamente en todos los hoteles y restaurantes de Bundi para quitarte los monos y macacos que quisieran venir a robarte la comida.

Hecho de menos la compañçia de los espontaneos del tejado, esos parientes peludos que han conseguido sobrevivir al avance de los tiempos para hacerse su pequeño lugar en medio de los humanos. Monos que por las tardes de Bundo bajaban a decenas des del palacio para invadir las primeras terrazas de la ciudad o que a Chittor se comían las flores los jardines del Maharajá. ¿Dónde están? ¿El romanticismo de Udaipur es solo para los humanos?

Salgo del hotel y me encuentro en tres minutos con más turistas de los que vi en una semana en Bundi. Y lo entiendo. Cada ciudad india tiene su propia raza de primates dominantes. En la ciudad del amor, los monos han sido expatriados…

You can leave a response, or trackback from your own site.

Leave a Reply