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	<title>Alterperiodista &#187; Camboya</title>
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		<title>&#8220;Tuktuk Sir?&#8221;</title>
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		<pubDate>Sat, 07 Nov 2009 11:32:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Habeis deseado nunca ser famosos? ¿Teneis esa estraña sensación de que todos esos con quien te cruzas por la calle quieren algo de tu, como si fueras Jesucristo dispuesta a curar ciegos y lepras sin acuse de recibo? Tranquilos, si lo que quereis es destacar, Asia es vuestro lugar.
Ya lejos de Angkor, reflexiono acerca el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_266" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/iaiabuda.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-266" title="iaiabuda" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/iaiabuda-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Abuelas sagradas</p></div>
<div id="attachment_268" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/nenangkor.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-268" title="nenangkor" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/nenangkor-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Niño Angkor</p></div>
<p>¿Habeis deseado nunca ser famosos? ¿Teneis esa estraña sensación de que todos esos con quien te cruzas por la calle quieren algo de tu, como si fueras Jesucristo dispuesta a curar ciegos y lepras sin acuse de recibo? Tranquilos, si lo que quereis es destacar, Asia es vuestro lugar.</p>
<p>Ya lejos de Angkor, reflexiono acerca el ejercito de tuktukeros, mototaxis, niños y madres vendedoras que te asaltan al salir de cada templo. Las ciudades son otro tanto de lo mismo y solo necesitas dar un paso fuera de la guesthouse para que des de 10 metros de distancia cinco personas te empiezen a gritar “Hello! Hello!” como si fueras un pariente lejano que no ven desde su infancia. Acto seguido “¿Tuktuk sir?”, “¿Temples?”, “¿Do you want a book, sir?”, “¿Cold water?”, “¿Hashis, cocaine, marihuana?”&#8230; Las personas mayores, así como los tuktukeros, se presentan amigables, dispuestos a preguntarte por tu vida y tus planes hasta que digas que si, que mira, que si hace falta, alquilas el tuktuk para este fin de semana ir y volver del Camp Nou sin hacer parada en las fronteras.</p>
<p>Capitulo a parte son los niños. Niños con horarios de escuela tan estraños que siempre estan ayudando a sus madres a vender todo tipo de productos. Eso si, listos lo son&#8230; Te preguntan de donde eres y se saben la capital, el primer ministro y, si hace falta, te cantan el himno nacional (una niña de no más de seis años se me puso a hablar en español delante Angkor Wat!). Recursos inteligentes que combinan con caras de pena que te desacen el alma en cascadas de sudor sin saber como decir que no.</p>
<p>La tercera edad, en cambio, suele inclinarse por la ayuda divina. Así que entras en un templo, te encuentras con una abuela delante de un Buda que te pone incienso en la mano y te insta a hacer un ofertorio (siempre monetario&#8230;) para que pregue por ti durante un rato.</p>
<p>Y, al final, ¿a quién das? La caridad, lamentandolo mucho, no es un buen camino para solucionar los problemas de un país pobre. Queda terminantemente prohibido comprar o dar caridad a niños. Es una práctica que solo insta a sus padres a verlos como un buen reclamo turístico y dejarlos fuera de las aulas. De la mediana edad tampoco se puede uno fiar mucho. El negocio es el negocio y, si necesitas algún servicio, regatea, seguro que consigues un precio mucho mejor.</p>
<p>¿Y que pasa con la gente mayor? Pues, de vez en cuando, vaciate el bolsillo. Si en Europa las pensiones son pauperrimas, no cabe recordar que en el resto del mundo no existen. Asi que, si rezan por tí, que rezen. A veces da rabia pero, quién sabe, si uno no cree en Dios, puede necesitar intermediarios&#8230;</p>
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		<title>Angkor, piedra sobre piedra</title>
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		<pubDate>Fri, 06 Nov 2009 04:25:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_255" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/sunriseangkor.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-255" title="sunriseangkor" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/sunriseangkor-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Sunrise Angkor</p></div>
<p>“Solo son piedras” defiende una voz joven y aflautada en medio del bar de la guesthouse delante de sus colegas que le increpan para visitar Angkor el día siguiente. “¿20 dolares por un día?, ¿40 por tres? No, lo siento. Puedo pasar dos o tres días con este diner”. Y, acot seguido, pide un par de cervezas más al camarer y comenta la posibilidad de ir a un bar de copas.</p>
<p>Ofuscado por las palabras de un desconocido me despido de mis compañeros de mochila y carretera para citarnos al día siguiente en los templos de Angkor.</p>
<p>¿Sólo piedras? Levantate a las cinco y coje un tuktuk para ver el amanecer en Angkor Wat (la mayor construcción religiosa del mundo). Pasea por debajo de las sombras de arboles centenarios y pierdete un momento por los laberintos de cada uno de ellos.</p>
<div id="attachment_256" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/bayon.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-256" title="bayon" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/bayon-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Bayon</p></div>
<div id="attachment_257" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/bayonii.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-257" title="bayonii" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/bayonii-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Puertas de Bayon</p></div>
<div id="attachment_261" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/battlebayon.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-261" title="battlebayon" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/battlebayon-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Luchas de piedra</p></div>
<p>Sientate encima de las piedras, solo piedras, y parate a observar batallas navales en las ruínas de Tha Preak mientras la selva canta a tu alrededor. Deja que todas las caras de Bayon observen tus movimientos mientras te quedas embobado viendo como los Xams conquistan Angkor en los murales de sus paredes. Quedate sin aliente subiendo y bajando escaleras empinadas como montañas y riete un rato viendo como todo un grupo de turistas se para en Tha Prhom como si fuera el único templo que valiera la pena después que se gravara allí Tomb Raider.</p>
<p>Alquila una bici y pedalea, uno, dos y trenta y cinco kilómetros. Descubre los templos más pequeños donde no para nadie. Monta una tertulia con amigos al lado de las ruinas e imagina con los que te acompañen como hubiera sido vivir en este mundo fantástico de templos olvidados. Cierra los ojos y transportate a la piel del portugues Diego de Couto al redescubrir Angkor en el siglo XVI en medio de la selva (aunque la gloria se la llevara un francés dos siglos después).</p>
<div id="attachment_259" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/theforest1.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-259" title="theforest1" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/theforest1-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">the forest</p></div>
<div id="attachment_260" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/tombraider.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-260" title="tombraider" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/tombraider-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Tomb Raider</p></div>
<p>Vive Angkor y deja que todos esos que consideran que las ruinas son solo piedras se queden en casa. Por que, al fin y al cabo, cada uno es libre de hacer lo que le de la gana. Yo, por 40 dólares, he andado por la historia y me he sentido como un niño pequeño jugando a ser Indiana Jones. Si, lo admito, no me cruce con Lara Croft explorando la selva. Pero, ya se sabe, no se puede tener todo en esta vida!</p>
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		<title>Rema, rema&#8230;</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Nov 2009 09:50:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_248" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/capitaocapita.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-248" title="capitaocapita" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/capitaocapita-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">El capitán</p></div>
<div id="attachment_249" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/waterfestival.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-249" title="waterfestival" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/waterfestival-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Water festival</p></div>
<p>“Phnom Penh cierra puertas y persianas durante tres días y mañana te será imposible encontrar un tuktuk”. El recepcionista de la guesthouse me advierte sobre la dificultad de hacer nada en la gran ciudad durante el Festival del Agua. La ciudad conmemora durante tres días el poder naval del Imperio olvidado de Angkor con cursas de canoas de hasta setenta tripulantes. Casi 700 embarcaciones venidas de todo el país se tiran al agua para reverenciar a su Rey y su pasado, mientras sus conciudadanos los contemplan y los aníman. ¿Todos? No, todos no. Desengañemonos, ¿Quién puede parar una ciudad donde la gente lucha, sufre y araña las paredes del éxito para dejar atrás una pasado reciente nada digno de celebraciones?</p>
<p>Observas, fotografías y pasas medio día al lado del rio disfrutando de las cursas y, al final, abrasado como un langostino decides volver al hostal. La ciudad sigue tan viva como siempre (¿puede que haya tres tuktuk menos?) y me pierdo por las calles hasta llegar a la antigua estación de tren. Y, finalmente, lo encuentro. La tranquilad prometida por el recepcionista se encuentra detrás de estas rejas donde máquinas abandonadas se fusionan con el paisaje a fuerza de polvo y enredaderas.</p>
<div id="attachment_250" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/tren.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-250" title="tren" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/tren-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Trenes dormidos</p></div>
<p>Encima el último tren, un niño, hijo de la única familia que habita en este lugar. Aferrandose a la palanca podrida que separa dos vagones, hace una fuerza sobrehumana como si con su pequeño cuerpo pudiera hacer volver ese gigante dormido a la vida. Su expresión obstinada, solitaria, me parece incluso más notable que la de los remeros que anima toda la ciudad.</p>
<p>Quiero hacerle una foto pero se me terminan las baterias&#8230; Quizás el destino quiere que determinados luchadores de imposibles hagan su camino en solitario, sin testigos de su honor o su derrota. Abandono el lugar resignado y animo mentalmente al chiquillo “Rema, rema&#8230; a ver hasta donde puedes llegar!”.</p>
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		<title>El Silencio</title>
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		<pubDate>Sat, 31 Oct 2009 07:18:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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El terror, la tristeza, el horror pueden encontrar su lugar en el silencio, la absencia de sonidos, de vida y esperanza.
Te das cuenta cuando visitas el Campo de Seguridad S-21. Un tuktuk te lleba por las atestadas calles de Phnom Penh en un viaje hacia el pasado. La ciudad te sorprende, llena de vida y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_239" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/elsilenci.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-239" title="elsilenci" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/elsilenci-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">S-21</p></div>
<div id="attachment_240" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/silenciii.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-240" title="silenciii" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/silenciii-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Killing fields</p></div>
<p>El terror, la tristeza, el horror pueden encontrar su lugar en el silencio, la absencia de sonidos, de vida y esperanza.</p>
<p>Te das cuenta cuando visitas el Campo de Seguridad S-21. Un tuktuk te lleba por las atestadas calles de Phnom Penh en un viaje hacia el pasado. La ciudad te sorprende, llena de vida y modernidad, más cosmopolita incluso que Vientiane (tampoco es muy difícil). Cuando llegas al campo de seguridad, en vez del horror te encuentras el patio bien cuidado de un antiguo instituto, soleado y tranquilo. El ruido de la call y los turistas que van entrando te hace revivir el lugar como si volviera a ser la escuela secundaria que fue en los sesenta.</p>
<p>Al empezar la visita las cosas cambian. Al prinicipio los turistas continuan hablando pero las risas dan paso paulatinamente a palabras escuetas, murmullos, respiraciones entrecortadas y inspiraciones de indignación contenida. Las únicas voces que se escuchan son las de los guías, como el nuestro, Liuan, un hombre de cincuenta años que perdió dos hermanos durante los cuatro años y pico del Régimen de Pol Pot (1975-1979). Solo dos víctimas más de un loco que terminó con tres de los siete millones de camboyanos para poder llevar el país a un Régimen agrario estricto donde tener las manos suaves por no haber trabajado la tierra, llebar gafas o tener una profesión tan maligna como la de médico te hacían merecedor de la muerte más atroz.</p>
<div id="attachment_238" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/descobrirlhorror.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-238" title="descobrirlhorror" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/descobrirlhorror-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Descubrir el horror</p></div>
<p>Las fotografías del horror lo impregnan todo y el silencio se hace más y más intenso cuando una mujer señala una de las víctimas y se dirige a la mujer joven que la acompaña. Es su hermano, es su padre. La hija llora, lágrimas silenciosas, escasas, propias de un país donde la tristeza ha llegado a secar millones de retinas. En otra habitación una mujer llora observando uno de los cuadros de las torturas a las que sometían a los prisioneros. En este caso el guía nos traduce y nos explica que la mujer está destrozada por ver como se acabo con la vida de su hermano.</p>
<p>Silencio, absencia de palabras, de sonidos, de vida. No sabeis como me ha costado escrivir este artículo. Sobre todo por la rabia hacia un silencio mucho más fuerte. El de todas esas guerras y genocidios olvidados como el de Camboya (el conflicto no termino hasta el año 2000 prácticamente) que no tienen espacio en nuestras noticias. No vaya a ser que nos perdamos el último episodio del culebrón de la Pantoja.</p>
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		<title>El diablo sobre ruedas</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Oct 2009 11:51:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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Aquellos con una memoria cinematográfica tan frki como la mía recordarán que el primer film que empezó a hacer destacar a un joven director llamado S. Spielverg fue El diablo sobre ruedas, un horrible (aunque resultón y divertid) telefil donde el diablo se encarnaba en un camión para mortificar a un pobre desgraciado. Bien, ahora [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_242" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/diabletuktuk.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-242" title="diabletuktuk" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/diabletuktuk-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Demon tuktuk</p></div>
<p>Aquellos con una memoria cinematográfica tan frki como la mía recordarán que el primer film que empezó a hacer destacar a un joven director llamado S. Spielverg fue El diablo sobre ruedas, un horrible (aunque resultón y divertid) telefil donde el diablo se encarnaba en un camión para mortificar a un pobre desgraciado. Bien, ahora ya puedo decir que yo he viajado dentro ese diablo.</p>
<p>No, en el sudeste asiático el diablo no se encarna en camión, sino en una versión mucho más útil de mortificación en masa, el AUTOCAR. Si, señoras y señores, para qué mortificar un solo individuo cuando puedes condenar a todo un grupo de una sentada?</p>
<p>Si uno viaja en tuktuk o transporte público ya puede saber lo que le espera. La mortificación es oficial pero uno se adentra en la propia cultura y, sobre todo, sabe que ha pagado mucho menos por el billete que en cualquier agencia turística. El problema surge cuando el diablo se esconde detrás de la encantadora sonrisa de un vendedor de las 4000 islas. Cuidado con este lugar!</p>
<p>Después de seis días en la gloria perdido en mitad del Mekong, vas a comprar el billete y la agencia que controla estas islas, como minimo por los que respeta a los viajes a Camboia, son unos auténticos cabrones (entendido como metáfora del diablo –vaya, unos @#:%X#&amp;  como diría Obélix-). En mi caso, nos pusieron en un minibus claustrofóbico asegurandonos un autocar grande y maravillosa que no llego, nos tubimos que esperar horas y horas en un restaurante de unos amigos del conductor (a ver si consumíamos) y, para terminar con nuestra paciencia, el vehículo se estropeo en medio del camino.</p>
<p>Eso si, haciendo honores al “Dios aprieta pero no ahoga” el minibus se estropeó al lado de una escuelay, como mínimo, pudimos compartir un buen rato con los niños de un pequeño pueblo donde nadie hablaba inglés.</p>
<p>Si viajais y no quereis que os pasen estas cosas, primero, no os quedeis con la primera compañía, buscad referencias y, si todo eso no funciona, haced como Guim Valls. Este catalán que he conocido hoy en Phnom Penh está haciendo la vuelta al mundo en bicicleta eléctrica. Vale la pena hechar un vistazo a su <a href="http://www.electricbicycleworldtour.com/ca/" target="_blank">web</a>.</p>
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