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	<title>Alterperiodista &#187; China</title>
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		<title>Nadalear</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2009 04:31:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Que és nadalear? Nadalear es surfear por encima de las fechas navideñas intentando que unos días que se presuponen para la paz, la amistad y la família (sic) no se conviertan en un bolsillo vacio, triste por esperanzas frustradas y regales que se esconden dentro de un armario. Hoy he creado esta nueva palabreja en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_348" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/img_3081.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-348" title="img_3081" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/img_3081-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Asian New York</p></div>
<p>¿Que és nadalear? Nadalear es surfear por encima de las fechas navideñas intentando que unos días que se presuponen para la paz, la amistad y la família (sic) no se conviertan en un bolsillo vacio, triste por esperanzas frustradas y regales que se esconden dentro de un armario. Hoy he creado esta nueva palabreja en su acepción viajera.</p>
<p>Todo ha empezado esta mañana cuando a primera hora en la embajada India me han dicho que necesitaba esperar cinco días para tener el visado. Una mala respuesta que tiraba las esperanzas para el billete-chollo que pensaba comprar para miercoles y que me llebaba directo a Calcuta. ¿Qué hacer? ¿Vuelvo a la China o espero al siguiente viernes a tener el visado (quizás el lunes me dicen&#8230;) y después compro un billete a cambio de un higado prenavideño? Y es que, es estas fechas, aunque los hindúes no sean dados a volver a casa por turrones El Almendro, los billetes, literalmente, vuelan!</p>
<p>Salgo de la embajada como Mortadelo, con una nuve encima de la cabeza lanzando relámpagos. ¿Aquí o allí? ¿China o Índia? Me voy al mirador para observar la ciudad de Hong Kong y recapacitar y me encuentro con un hindú de vacaciones en Hong Kong. Le pregunto: “¿Tu qué harías?”. Él me mira, sonríe, y dice: “Es tu opción, pero se te ve buena persona. Tranquilo, confía en tí mismo y todo irá bien”. Se va y yo me quedo igual que antes, con piropo, pero igual que antes.</p>
<p>Y observo Hon Kong, sobresaliendo sus megalómanos rascacielos por encima una polución que llega desde China y me doy cuenta que mi corazón no quiere estar más en este lugar. A mi, los rascacielos, me impresionan una vez, no más. Los complejos freudianos de los magnates de la economía me la traen floja. ¿Y qué quereis que os diga? Que volver a China, aunque me encanta, tampoco me convence.</p>
<p>Se me enciende una lucecita y, como un Rey Mago, vuelvo al Hotel esquivando arboles navideños y multitudes consumistas. Abro un ordenador en uno de los mil cybercafés de mi edificio y me conecto a internet. Miro, comparo y compro. Y mañana me voy para Thailandia. Concretamente hacia Pukhet. Porque si, por que los billetes de Thailandia en la India son más baratos y porque, para pasar una Navidad lejos de casa, que mejor que pasarlo en una playa.</p>
<p>Y nadaleo, surfeando entre inconvenientes de viajero hacia un nuevo destino , esquivando celebraciones, imprevistos y nuves mortadelences.</p>
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		<title>&#8220;Li hai!&#8221;</title>
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		<pubDate>Sat, 12 Dec 2009 10:54:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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Esta historia empieza en un tren de 35 horas desde Chengdu a Shenzen, puerta china de entrada a Hong Kong. A las once de la primera noche en el tren, las luces se apagan dejandome sin lectura mientras a solo dos zancadas un niño pequeño se pone allorar y su madre lo intenta calmar a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div class="mceTemp" style="text-align: left;">
<div id="attachment_344" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/img_2907.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-344" title="img_2907" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/img_2907-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">&quot;Li hai!&quot;</p></div>
<p>Esta historia empieza en un tren de 35 horas desde Chengdu a Shenzen, puerta china de entrada a Hong Kong. A las once de la primera noche en el tren, las luces se apagan dejandome sin lectura mientras a solo dos zancadas un niño pequeño se pone allorar y su madre lo intenta calmar a la china, entiendase como gritando más que su hijo. El traqueteo del tren remueve la litera superior llenando el compartimento de un tamborileo metálico disonante y inspiro profundamente optando por hacer volar el pensamiento a través de la oscuridad antes de volverme loco.</p>
</div>
<p>En la cama de al lado, una chica china se remueve y abre su mobil para poder leer con la luz del inalámbrico. Nos miramos y sonreímos delante un nuevo sollozo-rugido del niño de al lado. Empezamos a hablar sin entendernos y, en la siguiente parada, salimos del tren para pasear por un anden desierto a la una de la madrugada. No hablamos demasiado pero reímos y compartimos insomnio con la complicidad de los viajeros atrapados por un destino inabastable. Las horas pasan y, finalmente, el sueño nos gana.</p>
<div id="attachment_345" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/img_2910.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-345" title="img_2910" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/img_2910-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">El terrible ruiseñor</p></div>
<p>El día se despierta dentro del tren y la chica y su amiga vuelven a retomar la conversación con un servido. Se apuntan a la fiesta un estudiante universitario y dos hombres del compartimento de al lado. El estudiante habla un inglés más que precario con el que me intenta traducir. Me llenan de comida y preguntas. Y aprendo mi tercera palabra en xino: “Li hai” o algo muy similar que con el gesto conveniente significa “Ok, perfecto, buen rollo!”. Repito el gesto delante cada nueva incomprensión y el tren se llena de risas durante todo el día, mientras los jovenes revisores, un monje budista y otros espontaneos se van uniendo a la fiesta. Finalmente, al anochecer, dos niñas pequeñas se me acercan para saludarme y empiezan a cantar y bailar canciones en el minúsculo pasadizo delante de nosotros. Aplaudimos una vez y otra hasta que nos hemos de esconder porque la mayor de las niñas no quiere parar de ser el alma de la fiesta.</p>
<p>Antes de dormirme mi compañera de insomnio se va. Insiste en que intercanviemos teléfonos y me duermo pensando en que pasaría si me llamara. ¿Cómo nos podríamos entender?</p>
<div id="attachment_346" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/img_2904.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-346" title="img_2904" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/img_2904-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Amigos inesperados</p></div>
<p>Sin esperar nada más me despierto para llegar a Shenzen y em encuentro en una estación que no sale tan siquiera en el mapa de mi guia. El estudiante universitario me apadrina. Primero llama a un amigo para que me de las instrucciones en inglés y viendo que no me aclaro me acompaña hasta la estación del metro donde he de cojer el tren pagandome el bus y el metro de su propio bolsillo.</p>
<div class="mceTemp">Abandono China para pisar Hong Kong con una sonrisa. Este gran país puede irritarte en algunos momentos pero cuando te emociona lo hace como la Gran Muralla, las cuevas de Longmen, el Monte Emei o los guerreros de Xian: sin límites ni palabras. Si, quizás solo una, “Li hai! Buen Rollo! A mi China me da muy buen rollo!”</div>
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		<title>Caminos</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Dec 2009 07:27:42 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Antes de empezar el viaje, decidí escribir en mi perfil de facebook las previsibles y transparentes palabras de Machado: “Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atras se ve la senda que nunca se [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_342" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/img_2789.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-342" title="img_2789" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/img_2789-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">poesia</p></div>
<p>Antes de empezar el viaje, decidí escribir en mi perfil de facebook las previsibles y transparentes palabras de Machado: “Caminante, son tus huellas el camino, y nada más; caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace camino, y al volver la vista atras se ve la senda que nunca se ha de pisar&#8221;. Una licencia poética bastante previsible para un viaje, aunque resulte clarificadora en más de un momento.</p>
<p>Hoy he recordado estas palabras al plantarme en la oficina de visados de estranjería de Chengdu. Un simple tramite que puede resultar bastante complicado si el funcionario en cuestión se pone tozudo como una mula. Las sonrisas, en este caso, no me han servido para evitar que se me plantearan unos condicionantes inasumibles para extender la visa.</p>
<p>Podía ir hasta la cercana ciudad de Leshan y intentarlo allí pero el tiempo, mal amigo, se me tira encima y necesito evitar choques con el increible aparato gubernamental chino. Así que, recordando a Machado, he empezado a andar.</p>
<p>Esta noche cojo un tren hacia Hong Kong, donde llegaré pocas horas antes de que expire mi visado. Conocida como la Nueva York asiática, plagada de rascacielos bañando sus sombras n las aguas eternas del Pacífico, espero encontrar mi propia estatua de la libertad. Una nueva puerta al destino donde los caminos se bifurcan. ¿Adquiriré un nuevo visado para reentrar en China? ¿Volaré lejos hasta plantarme en tierras Indias? Quién lo sabe&#8230;</p>
<p>Recuerdo a Machado y recuerdo también a Ulises, cogiendo su barco y partiendo siempre desde un puerto diferente, esperando llegar a Ítaca y confiando su rumbo a los vientos.</p>
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		<title>Emei, la montaña sagrada</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Dec 2009 00:50:46 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Me pierdo durante dos días andando por Emei Shan, una de las cuatro montñas sagradas del budismo en la China. Según la tradición, fue en esta montaña de más de 3000 metros donde se construyó el primer templo budista chino. Desde entonces, peregrinos de todo el país se han desplazado para llenar su sacralidad, materializada [...]]]></description>
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<a href='http://www.alterperiodista.com/index.php/2009/12/emei-la-muntanya-sagradaemei-la-muntanya-sagrada/emei1/' title='emei1'><img width="150" height="150" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/emei1-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="" title="emei1" /></a>
<a href='http://www.alterperiodista.com/index.php/2009/12/emei-la-muntanya-sagradaemei-la-muntanya-sagrada/emei2/' title='emei2'><img width="150" height="150" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/emei2-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="" title="emei2" /></a>
<a href='http://www.alterperiodista.com/index.php/2009/12/emei-la-muntanya-sagradaemei-la-muntanya-sagrada/emei3/' title='emei3'><img width="150" height="150" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/emei3-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="" title="emei3" /></a>
<a href='http://www.alterperiodista.com/index.php/2009/12/emei-la-muntanya-sagradaemei-la-muntanya-sagrada/emei4/' title='emei4'><img width="150" height="150" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/emei4-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="" title="emei4" /></a>
<a href='http://www.alterperiodista.com/index.php/2009/12/emei-la-muntanya-sagradaemei-la-muntanya-sagrada/emei5/' title='emei5'><img width="150" height="150" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/emei5-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="" title="emei5" /></a>
<a href='http://www.alterperiodista.com/index.php/2009/12/emei-la-muntanya-sagradaemei-la-muntanya-sagrada/emei6/' title='emei6'><img width="150" height="150" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/emei6-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="" title="emei6" /></a>

<p>Me pierdo durante dos días andando por Emei Shan, una de las cuatro montñas sagradas del budismo en la China. Según la tradición, fue en esta montaña de más de 3000 metros donde se construyó el primer templo budista chino. Desde entonces, peregrinos de todo el país se han desplazado para llenar su sacralidad, materializada en una belleza natural que impacta y te hace sentir un poco más cerca del cielo. Uno de los fenómenos más famosos es el Aura de Buda, una especie de arco iris nacido en medio de la niebla al atardecer, delante del cual muchos peregrinos se tiraban al vacio de los acantilados d’Emei Shan esperando reunirse con la divinidad.</p>
<p>Afortunadamente, mis papilas gustativas están poco dadas a sentir el sabor de la divinidad y dedico mi ascenso a Emei Shan a llenarme de la belleza y, como no, filosofar. Reventandome las rodillas en los 8000 peldaños que llenan los caminos de la montaña me pregunto ¿Por qué demonios todos los lugares con una belleza natural tan arrebatadora terminan convirtiendose en sabrados?</p>
<p>Como siempre, solo tengo una respuesta. Delante lo que no entendemos, lo que nos sobrepasa, los seres humanos tenemos que atribuír la caprichosa belleza de la naturaleza a alguna instancia superior. Después llega alguna mente brillante escondida detrás de una túnica monacal y, dependiendo del color que la impregna, el lugar en cuestión pasa a ser propiedad de una u otra religión. Y eso que era de todos pasa a ser de algunos que cobran peaje para acercarse a Dios.</p>
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		<title>Otoño en China</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Dec 2009 00:36:57 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_320" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/tardorchengdu1.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-320" title="tardorchengdu1" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/tardorchengdu1-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Mañana en el templo</p></div>
<p>Desde hace una semana y media viajo con Kate, una loca inglesa con peinado punkie y un corazon enorme con la que no paramos de mantener las conversaciones más absurdas. Un buen ejemplo es la discusión eterna acerca de si la niebla que rodea las ciudades del centro del país es contaminación, como dice ella, o niebla china, tal y como la he bautizado yo. Un servidor no tiene ninguna duda de estar en lo correcto pero, con o sin razón, la maldita niebla persiste envolviendo las ciudades en una blanca y molesta prespectiva londinense y desdibujando toda la vida y belleza que puedan contener.</p>
<p>El espiritu mediterraneo grita dentro de mi ser y me suplica Sol y colores sin que yo pueda hacer nada más que forzar mi cuerpo a salir a la calle y seguir andando por las ciudades, haciendole entender que, las ciudades con niebla, como las películas en blanco y negro, también tienen su encanto. Una decisión acertada pues la Chengdu oscura y anieblada del primer día se me descubre al cabo de media hora bajo el sol del otoño más embellecedor.</p>
<div id="attachment_322" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/ciutatchengdu.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-322" title="ciutatchengdu" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/ciutatchengdu-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Chengdu</p></div>
<p>Chengdu, la ciudad de los pandas, está minada como el resto de grandes ciudades chinas de rascacielos que crecen como cañas de bambú. La ciudad, sin embargo, no pierde su esencia mágica manteniendo los arboles en todas las avenidas principales, guardando celosamente sus parques urbanos y sus zonas tradicionales (pocas, pero encantadoras). El resultado: azules y grises metálicos de edificios combinados con marrones, naranjas y amarillos cálidos de un otoño que se escapa corriendo inevitablemente hacia el invierno.</p>
<p>Ando por la ciudad y disfruto de la increible sensación de un fantástico día de otoño. Tomo el te con unos rastafaris chinos, hablo con abuelos, juego con niños y me embobo en los parques viendo como vuelan las cometas intentando atrapar el techo del cielo. Y olvido la niebla china, como lo hacen ellos.</p>
<p>No me extraña que los pandas sean animales tan simpáticos. Si es que así, cualquiera! Si no, miradlos&#8230;</p>
<div id="attachment_317" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/pandapicnic.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-317" title="pandapicnic" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/pandapicnic-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Picnic panda</p></div>
<div id="attachment_318" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/pandallengua.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-318" title="pandallengua" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/pandallengua-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Colega</p></div>
<div id="attachment_319" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/petitpanda.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-319" title="petitpanda" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/petitpanda-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Nurserie</p></div>
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		<title>Guerreros y cabras en Xi&#8217;an</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Dec 2009 01:45:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[
El 1974 un grupo de campesions escarbaba con esfuerzo la tierra seca de una provincia perdida en el centro de la China buscando la preciada agua que los ayudaría a hacer frente a una maligna sequía que mantenía sus campos secos de vida. Una palada, otra y otra y, entre la tierra, una resistencia inesperada. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_307" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/terracotafosc.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-307" title="terracotafosc" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/terracotafosc-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Guardia eterna</p></div>
<div id="attachment_308" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/terracota1.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-308" title="terracota1" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/terracota1-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Mil caras</p></div>
<p>El 1974 un grupo de campesions escarbaba con esfuerzo la tierra seca de una provincia perdida en el centro de la China buscando la preciada agua que los ayudaría a hacer frente a una maligna sequía que mantenía sus campos secos de vida. Una palada, otra y otra y, entre la tierra, una resistencia inesperada. Rodeada de polvo, una cara enigmática, muda y helada de un soldado condenado a mantener la guardia para toda la enternidad, surgía de la tierra buscando el sol después de milenios. Por casualidad, ese grupo de campesinos acababa de descubrir la tumba del primer emperador de la China, Quin Shi Huan, situando el nombre de Xi&#8217;an en el mapa del mundo.</p>
<p>Imaginar la cara de esos campesinos al hacer el descubrimiento no es muy dificil pues uno, por mucho que haya podido ver mil fotografías, no deja de quedarse absolutamente boquiabierto. La primera expresión de cualquiera delante esta obra de arte es bastante más monótona que la de  los miles de soldados con facciones diferenciadas y perfectamente esculpidas que guardan el primer gran emperador por el resto de la eternidad.</p>
<div id="attachment_310" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/ramadaxino2.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-310" title="ramadaxino2" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/ramadaxino2-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Muslim corner</p></div>
<p>Una maravilla que, sin embargo, a veces oscurece lo que puede dar de si la ciudad de Xi&#8217;an, que queda escondida en medio de la pepetua niebla del centro de la Xina. Descubrir los guerreros es solo uno de los atractivos de una ciudad moderna y llena de vida donde puedes pasar de sentirte en medio de nueva York a perderte por las callejuelas del Muslim Corner, donde la comunidad musulmana ata cabras por las calles esperando la llegada del ramadan y cocinan, venden y pasean humanidad.</p>
<p>Escapandose aún del frío de un invierno que ya ha condenado Beijing a la vida de interiores, en Xi&#8217;an puedo observar por primera vez la vida en los parques. La gente suele hacer referencia a las clases matutinas de Tai Xi, pero se olvidan de las clases de baile, los partidos de squash, las cometas volando al viento y la gente paseando, sencillamente paseando. Entre los arboles puedes sentir la calidez de una sociedad que a veces puede parecer distante y obsesionada por el progreso y el dinero. Descubrir esta faceta que quiere la naturaleza y el aire libre, incluso dentro de la gran ciudad, es uno de los primeros pasos para querer un pueblo mucho más amable de lo que esperaba.</p>
<p>Si no, mirad las mil caras diferentes de los guerreros de terracota. Inmoviles y condenados al servicio perpetuo, pocos de ellos muestran expresiones urañas. Incluso muchos sonríen, eternamente, como si en su obligada guardia se negaran a abandonar la esperanza de un día liberarse de la tierra y empezar a andar.</p>
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		<title>Kung Fu y Confucio</title>
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		<pubDate>Thu, 26 Nov 2009 02:59:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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¿Entre la filososfía y las artes marciales, que se puede encontrar? Normalmente, un viajero despistado. En esta vida uno no puede basarse en las ideas preconcebidas, menos si estas provienen de pelis de Bruce Lee, Jackie Chan o cualquier otro buen vecino chino con muy malas pulgas cuando le tocan las narices.
Así que, uno sale [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_303" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/confuci2.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-303" title="confuci2" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/confuci2-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">El jardín dormido</p></div>
<div id="attachment_302" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/confuci1.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-302" title="confuci1" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/confuci1-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Guardianes de piedra</p></div>
<p>¿Entre la filososfía y las artes marciales, que se puede encontrar? Normalmente, un viajero despistado. En esta vida uno no puede basarse en las ideas preconcebidas, menos si estas provienen de pelis de Bruce Lee, Jackie Chan o cualquier otro buen vecino chino con muy malas pulgas cuando le tocan las narices.</p>
<p>Así que, uno sale de Beijing pensando en su próximo destino y se encuentra que cerca de la capital (las proximidades en China siempre son relativas) está Qu Fu, la ciudad natal de Confucio, y aunque no lo tenía previsto se dispone a hacer una parada para filosofar un poco pero sin esperar demasiado. La ciudad provincial luce como un inmenso suburbuo con un centro histórico interesante, bonito y enfocado a un turismo inexistente en esta época del año. Los únicos occidentales que se encuentran en la ciudad son una tropa heterogenea y dispera que practica Kung Fu en una escuela cercana a la localidad. Lucen como los ayudantes patosos de un malo de peli de serie B y no parecen muy interesados en la ciudad que los acoje o Canfucio. Dicen que en Qu Fu no hay mucho que hacer más allá de la escuela donde aprender a ser tortugas ninja. Una idea que, aunque n lejos de la verdad, olvida el bosque de Confucio, el mayor cementerio de toda China, donde todas las generaciones de descendientes del filosofo han sido enterrados durante los últimos 2500 años. Un lugar tranquilo y magnifico donde pasear en medio de la historia y que te hace volar hacia pensamientos más elevados que una patada voladora.</p>
<div id="attachment_305" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/shaolin.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-305" title="shaolin" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/shaolin-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Training</p></div>
<div id="attachment_314" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/shaolin2.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-314" title="shaolin2" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/shaolin2-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">pantomima</p></div>
<p>Sueños profundos acompañan mis noches en la ciudad hasta que decido irme hacia mi propio destino friki. Quizás más nacido para pensar que para dar puñetazos al tronco de un arbol, no quiero dejar escapar la oportunidad de visitar el templo de Shaolín, cuna del Kung Fu entendido como arte de protección y no de ataque. La ciudad cercana de Luoyang , con sus cuevas de Longmen (con miles de budas esculpidas en la roca) y el casco antiguo (con sus fantásticos sitios de comida callejera) suponen toda una sorpresa. Pero Shaolín&#8230; Una vez más el viajero tiene la sensación de llegar demasiado tardo. Los monjes ya no practican en los patios del templo y el único Kung Fu real se encuentra en los miles de niños de la escuela que practican, con un chandal próximo al de la selección española, las artes marciales a granel. Por lo que respeta al templo se ha reconvertido en un parque temático excesivamente caro donde la única diversión para un servidor es que los chinos me glorifican como una atracción más y hacen cola para hacerse fotos a mi lado. Vaya, como ser famoso pero sin cobrar un duro.</p>
<p>¿Y ahora qué? Me pregunto observando el nombre de este espacio en el blog. ¿“Viaje a Shaolín”? Pues ya he llegado! Y parto, limpiando mi mente de ideas y expectativas, mirando el mapa, cerrando los ojos y tirando el dardo. Por que si algo aprendes en el viaje es que no hay ningún destino mejor que el inesperado.</p>
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		<title>Hard seat</title>
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		<pubDate>Sat, 21 Nov 2009 04:14:48 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[A veces las traducciones pueden ser desastrosas. Otras, sencillamente geniales. No se a que empleado de las líneas ferroviarias chinas se le encargó traducir los nombres de las categorías de viaje según los diferentes vagones, pero la clavo de lleno en referencia a la segunda clase del tren nocturno sin literas: “Hard Seat”. Vendría a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_598" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/hard-seat.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-598" title="hard seat" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/hard-seat-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Hard seat</p></div>
<p>A veces las traducciones pueden ser desastrosas. Otras, sencillamente geniales. No se a que empleado de las líneas ferroviarias chinas se le encargó traducir los nombres de las categorías de viaje según los diferentes vagones, pero la clavo de lleno en referencia a la segunda clase del tren nocturno sin literas: “Hard Seat”. Vendría a ser la tercera regional del tren y casi todos los chinos optan por esta opción más económica. Te das cuenta solo llegar a la estación viendo que tu categoría de asiente tiene su propia sala de espera y, curiosamente, está a reventar. Cande se inicia el embarque te encuentras arrastrado literalmente por una corriente humana que te empuja inexorablemete hacia la salida al andén. Allí se desarrolla una carrera de obstaculos hasta llegar a un vagón atestado donde la gente que no tiene asiento espera sentada en medio del pasillo a que alguien se levante a hacer sus necesidades o fumar para sentarse un rato. Un hecho que no se termina de entender del todo pues si estar de pie durante ocho horas es duro, estar sentado en una de las sillas del tren solo hace que marcar en tus vertebras en caracteres chinos las palabras “hard seat” (carácteres que seguramente no se distinguen demasiado de los de “tortura china”). Dormir se convierte en una epopeia hasta que no consigues un lugar al lado de la ventanilla y, aún y así, te levantas horas después con la sensación que acabas de adquirir una torticulis para el resto de tu vida.</p>
<p>Una experiencia extrema que, como todo deporte de riesgo, tiene su parte positiva. Al final, te divierte ser el único estrangero del tren y que la gente intente hablarte sin que entiendas nada (hecho que no excluye, evidentemente, la conversación). Una auténtica experiencia asiática. Además, teniendo en cuenta que el viaje me ha llevado hasta la ciudad de Confucio, ¿qué quereis que os diga? Filosofia, amigo, filosofia&#8230; Y, como decía Confucio: “Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla”. Así que a ponerse las lentes de contacto y mirar más allá del horizonte (cosa que, teniendo en cuenta la posición en que me ha quedado el cuello, no es demasiado difícil).</p>
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		<title>Obama i el Mur</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Nov 2009 06:53:46 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_291" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/elmurdobama.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-291" title="elmurdobama" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/elmurdobama-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">The Wall</p></div>
<p>Tenía que pasar&#8230; Me decido a ir a la Gran Muralla y el señor Obama se decide a seguirme y ir el mismo día. ¿Qué le pasa al presidente de los Estados Unidos? Si, ya lo sé. Yes, we can! Pero no a mi costa! Yo no he pedido ser un ejemplo a seguir para que él quiera visitar China en temporada baja como lo hago yo! ¿Tendra algo que ver mi último post? Claro que, en esta vida, más vale ser previsor y como ya me lo temía me decidí visitar una parte de la muralla donde no me lo pudiera encontrar.</p>
<p>Dejando tonterías a parte, estar en China durante la visita del presidente de los Estados Unidos tiene su gracia. Ver banderas americanas ondeando al viento junto a la bandera de la República Comunista, asediando con barras y estrellas el mausoleo donde Mao, congelado para la posteridad, se niega a levantarse de su prisión de gloria&#8230; Eso no tiene precio. Además, si se levantara, seguramente del susto se volvería a quedar frito. China se va abriendo al mundo y sobresale en un Beijing donde el capitalismo vence a un comunismo que parece relegado a los souvenirs turísticos de banderas rojas y retratos del pasado (siempre queda, evidentemente, la represión dictatorial, pero eso es otra historia).</p>
<p>La curiosidad por ver como dos grandes imperios se dan hipócritamente la mano, sin embargo, no me hace olvidar ni por un segundo que un servidor está aquí para disfrutar de la China y ver su lado más humano y, por consecuencia, menos político. Así que, dejando el periodismo y abrazando con fuerza mi “unemploidismo”, decido visitar el muro (perdón, Muralla) con unos amigos lejos de donde lo hará Obama. Con cierto miedo a que el Presidente no le de por seguirnos, subimos y bajamos las escarpadas pendientes de la Gran Muralla, siempre con un ojo avizor por si si aparecen el hombre del momento.</p>
<p>Ya ves, nos decimos, tanta construcción, tanta fortificación inservible si cuando llegaban los mongoles les habrían la puerta&#8230; A Obama también se la han abierto. Claro que, en este caso, quien ha de vigilar para que no se le cuelen en casa es el presidente estadounidense. Por que, a este paso, la bandera que acabará ondeando en Washington será la China&#8230;.</p>
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		<title>Infancia en Beijing</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Nov 2009 06:24:19 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Visitar una ciudad cuando no la visita nadie tiene sus pros y sus contras. Las contras, en el caso del invierno de Beijing, son bastante claras. Si te atreves a salir de la pensión cuando cae la noche conoceras lo que es el frio. Ráfagas de aire siberiano penetrando por cualquier pequeño recoveco de tu [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div id="attachment_283" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/forbiden1.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-283" title="forbiden1" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/forbiden1-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Ciudad prohibida</p></div>
<div id="attachment_284" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/palaudhivern.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-284" title="palaudhivern" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/palaudhivern-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Palacio de invierno</p></div>
<p>Visitar una ciudad cuando no la visita nadie tiene sus pros y sus contras. Las contras, en el caso del invierno de Beijing, son bastante claras. Si te atreves a salir de la pensión cuando cae la noche conoceras lo que es el frio. Ráfagas de aire siberiano penetrando por cualquier pequeño recoveco de tu ropa haciendo que te sientas desnudo como un esquimal en la hora del baño. Inconveniente meteorológico que foragita a todos los turistas con dos dedos de frente y deja la ciudad para esos para quien fue hecha (vaya, los chinos) y para cuatro locos que paga la pena conocer. Gente que busca algo diferente y lo encuentra en escenarios helados y precioses en la Ciudad Prohibida o el Palacio de Verano, un lugar fantástico para visitar en invierno (aunque la contradicción sea evidente).</p>
<p>Sin quererlo entiendes que hace falta pisar Beijing en invierno para entender la fuerza de un pueblo trabajador, listo y dispuesto para saltar las dificultades climáticas para sobreponerse a los veranos más calurosos y los inviernos más crudos. Gente que sonrie, corre y trabaja bajo el frío como si este no existiera y te pega esa vigorosa sensación de lucha contra los elementos para descubrir la capital del Imperio más antiguo del mundo.</p>
<div id="attachment_286" class="wp-caption alignleft" style="width: 160px"><a class="highslide" onclick="return vz.expand(this)" href="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/soldadesca.jpg"><img class="size-thumbnail wp-image-286" title="soldadesca" src="http://www.alterperiodista.com/wp-content/uploads/soldadesca-150x150.jpg" alt="" width="150" height="150" /></a><p class="wp-caption-text">Soldadesca</p></div>
<p>Una fuerza que hace surgir el niño que llebas dentro y hace que te encuentres paseando comiendo un boniato y hablando en medio de la calle mientras el sol se deja caer detrás de los tejados triangulares que guardan la nieve como un precioso espejo que atrapa el sol hasta el último instante. Corres por los jardines del palacio de invierno haciendo guerras de nieve y te escondes dentro de calderos milenarios mientras los soldados miran hacia otro lado.</p>
<p>Vuelves cada noche al calor (relativo) de la guesthouse y brindas con cerveza con esos que, como tu, no creen en las Low y las High Seasons. Por que todos los sitios tienen cuatro estaciones, con sus bellezas, sus miserias y sus secretos esperando a ser descubiertos. ¿Os animais a venir?</p>
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